viernes, 23 de enero de 2009

Los problemas de Thomas


- Y supongo que pretenderás que todo siga igual, eh Urri..
- No. Pero no tienen por qué cambiar las cosas.
- No puedo hacer como que no me has dicho nada, no puedo irme a casa y pensar que esto no ha pasado, que todo sigue igual, Urri.
-Thomas, lo que te he dicho... yo solo he abierto mi corazón, pero todo puese seguir igual, me hago a la idea, yo...
- ...¡No! No me puedes poner entre la espada y la pared... no ahora que...

De repente alguien entró a la oficina. Urri miró a través de la ventana de su despacho y vio a una chica muy guapa esperando frente al mostrador. Estaba buscando con la mirada a alguien. Thomas salió del despacho corriendo hacia ella, y se saludaron. Urri empezó a morderse las uñas… “¡Maldita sea!”, pensó, “acabo de arreglarlas… ¿y ella quién es?¿Y qué hace aquí?”


-
Te dije que no vinieras, al menos no ahora…
-
Ya zábe que no pueo ezpera má. ¡Mi arma, me tiene aquí ezperando como zi fuera una dehconocía! ¿De qué vaz?
-
¿Quieres hablar más bajo?
-
¿Ez que ahora te avergüenzaz de mi o que?
-
No es eso ¡y lo sabes!


Y Urri se intrigaba más por aquella extraña mujer. Solo sabía que se conocían, que era muy guapa y vestía muy bien, y además, que tenia un acento andaluz difícil de entender, sobre todo si hablaba bajito. Urri se asomó a la puerta y gritó:


-
Thomas, los problemas personales fuera de la oficina…
-
Claro, Urri… pero , oyes, ¿por qué tú no te aplicas el cuento?
-
No me hables así, de momento sigo siendo la jefa del departamento.
-
Claro, claro… Vamos Estela. Te invito a un café.



Y los dos salieron por la puerta. Urri se quedó mirando hasta que desaparecieron. ¿Estela? De qué la sonaba ese nombre…


… Tomando el café, Thomas levantó la mirada hacia Estela. Su larga melena negra la caía sobre la cara, sus ojos oscuros eran penetrantes y sus labios rojos llamaban la atención de cualquiera. Dio un sorbo más al café que ardía y posó nervioso la taza sobre el platillo.


-
Tómaz, ssiento to ézto. Pero nesesito que me ayudez. Nesesito que vengaz conmigo y que hablez con ella. Tu hermana tiene que cambiá de parecé.
-
Los problemas de mi hermana y tuyos son de vosotras dos, no mios. Yo no puedo hacer nada. Ella ha tomado su decisión.
-
Tienez que ayudáme. No zé como ezplicála que todo va a cambiá. Que vió a tratá de… de… volvé aquí, ¿entíendez? Quiero volvé con ella… Tómaz, po favó…ayudame, mi arma, ayudame.
-
Estela, mi hermana está tratando de rehacer su vida.


Estela rompió a llorar, había dejado atrás lo que más quería hacía unos meses, y ahora volvía con la ilusión de recuperar a aquella mujer de la que se había enamorado. Thomas, se vio reflejado en ella. Hacia un par de años se había enamorado de Urri. Por aquel entonces ella no estaba nada más que inmersa en el trabajo, no veía más allá. A ella también la habían hecho daño y él se había propuesto enseñarla que no todos los hombres eran iguales. Sin embargo, cometió un error y ahora se veía embarcado en un barullo de problemas familiares. Un embarazo no deseado, una mujer extraña en su casa, y toda la vida que había imaginado con Urri no podía hacerse realidad.


Y ahora… ahora Urri era la que estaba intentando contra viento y marea que estuvieran juntos. Pero no era el momento… hasta cuándo seguirían así… hasta cuándo…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy metaforica y no acabo de entender a que viene, pero hay que decir que escribes genial!

bs!

Anónimo dijo...

me lo tengo que leer pa opinar...
pero te dejo un beso jajajajaja
ahhh soy yo la lela ajajajaja