viernes, 27 de febrero de 2009

Carta al Universo



Mi querido Universo,


A veces hay que mirar debajo de las piedras para encontrar tesoros.


A veces uno se siente perdido en un mar de dudas. Pero así es la vida. Está llena de decisiones. Unas veces son duras. Otras resultan más fáciles porque ya estamos escamados de tanto sufrir.


¿Pero qué es el sufrimiento? ¿A caso hemos de sentir siempre un vacío dentro del pecho? ¿Por qué la soledad se llama soledad? ¿Y por qué el sufrimiento se llama sufrimiento? Al fin y al cabo están relacionados. ¿Por qué los seres humanos sienten la imperiosa necesidad de ver siempre el vaso medio vacío cuando puede estar casi lleno?


No.


No quiero que las lágrimas caigan más por un rostro que no se lo merece. Esos ojos que ahora lloran estuvieron llenos de luz, llenos de alegría y esperanza cuando nadie daba nada por ellos. Cuando todos ignoraban la alegría de una niña inocente que siempre daba una sonrisa en los momentos de tormenta. No revuelvas más mares. Tenlos en calma, pues viendo las cosas positivas el tiempo parece más reconfortante.


Y si tu mente se marea ante la realidad, piensa que siempre hay un jardín hermoso sobre el que caer, el cuál amortiguará tu caída con las hermosas flores que brotan de él.


Y si cayeras en un suelo pedregoso, levántate, limpia tus rodillas malheridas y sonríe, pues pudo ser peor. Corre hacia la fuente y limpia esas heridas. Deja que el agua caiga sobre ellas. Si escuece es que está curando. Pues de lo que escuece se aprende. Y de lo que se aprende se intenta no errar más.


Y si el agua no escuece, es que no es la adecuada. Pero no te preocupes, en la tierra siempre hay un botiquín que puede ser útil. Tendrá gasas y vendas.


Y si ves el vaso medio vacío, cierra los ojos y piensa. Luego vuelve a abrirlos y afronta la realidad: ese vaso también puede estar casi lleno.


Porque así te digo que de todo en esta vida se aprende, de los caminos pedregosos, de las aguas estancadas y de los vasos por rellenar.


Y no siempre es fácil encontrar los tesoros a la primera.

Busca pequeño Universo, busca…


Siempre tuya,

La brujita del bosque.



jueves, 12 de febrero de 2009

atardecer veraniego

Piedras Blancas. Punta del Dichoso. Suances.

"Papá, quiero llegar a esa linea del fondo" señaló Urri mientras miraba el horizonte. Llevaba un buen rato sentada junto a él, quieta, observando el paisaje y casi sin pestañear. El viento estaba soplando flojito, lo justo para mover su flequillo y ponerlo en la cara estorbando ante la hermosa imagen que tenía delante. Su padre sonrió e hizo esa mueca con el bigote que tanto la gustaba a Urri. "Es un poco dificil llegar hasta alli, ¿no crees?" contestó él al ver que Urri le miraba atentamente como esperando una respuesta.

Como cada verano, se habían levantado pronto, habían desayunado juntos y habían preparado los bocadillos y todos los aparejos para ir a pasar el día. Este año su padre la había regalado unas botas de montaña porque a Urri la encantaba saltar por las piedras y siempre acababa mancandose los pies, incluso ahora que ya era mayor.

"¿Quieres decir que es inalcanzable?" volvió a preguntarle ella mientras le ayudaba a sacar las cosas de las cajas. "Yo no he dicho eso, he dicho dificil. Además, seguro que acabas llegando al horizonte, ¡eres tan cabezota como tu madre! Siempre consigues lo que quieres..." Urri le miró y pensó que en parte tenía razón. Sin embargo, todo el mundo decía que ella era como su padre. Siempre juntos. Los mismos gestos, las mismas expresiones... De su madre tenía esa cabezonería que la había sacado de tantos apuros. De todos menos del de Thomas, aunque eso más que un apuro era otra de sus cabezonerías.

Mientras tanto Thomas se relajaba en la playa con su hijo. Le enseñaba a construir castillos de arena que luego el propio niño se encargaba de destruir con el agua que cogía en un caldero. La madre les miraba inquisitiva. Esa mujer no era capaz de relajarse ni en la playa y eso era algo que ponía enfermo a Thomas. En plena testera al sol, con los pies metidos en una charquita de agua y mirando al niño dijo en alto, "Deberías enseñar a tu madre cómo divertirse... parece que se la olvido hace tiempo que hay que disfrutar un poco de vez en cuando." Thomas miró al mar y pensó que tal vez Urri estuviese mirándolo.

"Papá, ¿sabes una cosa? Odio que los dias pasen tan rápido. Ojalá pudiera regresar. Ojalá pudiera volver por aquí, más tiempo no sé si me entiendes..." dijo Urri. Su padre señaló el atardecer y contestó bajito y casi a su oido que era una pena que se acabasen los días de pesca.

... "Si que es una pena" recalcó él. Los dos se miraron con complicidad y comenzaron a reir. En el fondo los dos sabían a qué se referían.



jueves, 5 de febrero de 2009

Luz a través de la persiana


La lluvia golpea la ventana de Urri a media noche. No puede dormir, a través de los agujeros de la persiana se cuela la luz de las farolas que alumbran la calle. Todo está dormido, todo menos ella. Se gira en la cama y ve el otro lado vacío. Recuerda cuando solía estar ocupado, cuando sentía el calor de Thomas a su lado y le oía respirar. Ahora ya no está. Ahora ya no quiere. Ahora es cuando ella se siente estúpida por no haberle apoyado cuando la necesitaba más.

Thomas está sentado en su sofá. Son las tres de la mañana y aunque tiene la tele encendida, no la mira, no la escucha. Tiene la mente en otro sitio, en el que quizá debería estar. ¿Y ella? ¿Estará pensando en él? ¿Por qué no la pidió ayuda cuando realmente la necesitaba?¿Por qué se han metido en una pelea tonta, que parece no tener salida? Si los dos se quieren, si podrían ser felices... ¿Por qué no se arriesgan?

Llora un niño. Thomas se levanta y le observa. "No llores más, ya te quedará tiempo de llorar por las cosas que realmente son tristes. Duerme ahora que puedes. Duerme tranquilo, ya velo yo por tí. Tu duerme ya que yo no puedo", le dice. El niño le mira fijamente. No sabe hablar, pero siente que su padre estará ahí. ¿Se dará realmente cuenta de eso cuando pasen los años?

Thomas vuelve a pensar en Urri, Urri en Thomas... y el niño en medio de las dos imagenes. El niño en medio de una guerra que no es suya, de la que no tiene culpa. La madre se levanta. "¿Es que no ves que está llorando? Podías hacerte cargo de la situación de vez en cuando que para eso eres su padre, ¿no?", le grita.

La vecina de arriba les escucha, se ha percatado de todo. Los lloros de un niño la han despertado. La despiertan cada noche y se siente impotente al no poder calmar a ese niño. Puede que no sepa de que va la cosa. Puede que sea ajena a todo lo que se cuece en el piso de abajo. Lo que si sabe es que Thomas no es feliz. Hace mucho que dejó de serlo. Hace años que le conoce de pasada. Y hace meses que ese niño no augura nada bueno...

Urri se vuelve a girar. " A la porra, estoy harta de todo. Si quiere algo, que venga. Que venga de todas formas, pero que venga. ¡Imbécil! Eres la más tonta del mundo, la has cagado. La has cagado...la has cagad.. la has.. la..", dice. Ya se ha quedado dormida. Ahora solo tiene que esperar a que sea mañana, a tomarse corriendo una taza de café y subir apurada los últimos peldaños de la escalera que llega hasta la oficina... hasta Thomas... y hasta un nuevo dia en esa guerra que cree perdida.

Thomas vuelve al sofá. Thomas mira la pantalla y piensa en qué coño le pasa al mundo, al mundo y a la gente en general. Sólo quiere que llegue mañana, y subir las escaleras, abrir la oficina, y preparar el café que tanto le gusta a Urri. Y verá como Urri echa el azúcar en la taza, y huele el aroma a café. Y verá como sonrie y cierra los ojos tras disfrutar de un sorbo del café que él la ha preparado... y verá... Thomas también se ha quedado dormido... ahora descansa un poco, mañana será otro día más en esa guerra que quiere que gane Urri...