jueves, 12 de febrero de 2009

atardecer veraniego

Piedras Blancas. Punta del Dichoso. Suances.

"Papá, quiero llegar a esa linea del fondo" señaló Urri mientras miraba el horizonte. Llevaba un buen rato sentada junto a él, quieta, observando el paisaje y casi sin pestañear. El viento estaba soplando flojito, lo justo para mover su flequillo y ponerlo en la cara estorbando ante la hermosa imagen que tenía delante. Su padre sonrió e hizo esa mueca con el bigote que tanto la gustaba a Urri. "Es un poco dificil llegar hasta alli, ¿no crees?" contestó él al ver que Urri le miraba atentamente como esperando una respuesta.

Como cada verano, se habían levantado pronto, habían desayunado juntos y habían preparado los bocadillos y todos los aparejos para ir a pasar el día. Este año su padre la había regalado unas botas de montaña porque a Urri la encantaba saltar por las piedras y siempre acababa mancandose los pies, incluso ahora que ya era mayor.

"¿Quieres decir que es inalcanzable?" volvió a preguntarle ella mientras le ayudaba a sacar las cosas de las cajas. "Yo no he dicho eso, he dicho dificil. Además, seguro que acabas llegando al horizonte, ¡eres tan cabezota como tu madre! Siempre consigues lo que quieres..." Urri le miró y pensó que en parte tenía razón. Sin embargo, todo el mundo decía que ella era como su padre. Siempre juntos. Los mismos gestos, las mismas expresiones... De su madre tenía esa cabezonería que la había sacado de tantos apuros. De todos menos del de Thomas, aunque eso más que un apuro era otra de sus cabezonerías.

Mientras tanto Thomas se relajaba en la playa con su hijo. Le enseñaba a construir castillos de arena que luego el propio niño se encargaba de destruir con el agua que cogía en un caldero. La madre les miraba inquisitiva. Esa mujer no era capaz de relajarse ni en la playa y eso era algo que ponía enfermo a Thomas. En plena testera al sol, con los pies metidos en una charquita de agua y mirando al niño dijo en alto, "Deberías enseñar a tu madre cómo divertirse... parece que se la olvido hace tiempo que hay que disfrutar un poco de vez en cuando." Thomas miró al mar y pensó que tal vez Urri estuviese mirándolo.

"Papá, ¿sabes una cosa? Odio que los dias pasen tan rápido. Ojalá pudiera regresar. Ojalá pudiera volver por aquí, más tiempo no sé si me entiendes..." dijo Urri. Su padre señaló el atardecer y contestó bajito y casi a su oido que era una pena que se acabasen los días de pesca.

... "Si que es una pena" recalcó él. Los dos se miraron con complicidad y comenzaron a reir. En el fondo los dos sabían a qué se referían.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Algun dia nos explicaras exactamente a que viene esto. Me gusta, muy moral.

bs