
“Chsss…Escucha como las gotas de lluvia golpean el suelo…”dijo Urri moviendo su mano por encima de las sabanas de su cama deshecha. Su piel sentía el calor de la cama. Otro dedo alcanzaba su mano. Esta vez sentía que podía parar el tiempo. La otra mano se acercaba más deprisa aún. El ruido dio la pista a Urri para quitar su mano rápidamente y evitar ser alcanzada. Giró su cara y dibujó una sonrisa. Ahora esa mano astuta volvía a dibujar la sonrisa como para memorizarla en el tiempo.
“No me has dicho nada desde hace un rato” dijo Thomas. Ella contestó con una mirada como si quisiera atrapar cada instante. “No quiero que esto se acabe.”
Al día siguiente empezaría la rutina otra vez. Juegos de miradas cómplices. Gestos que nadie percibía. Todo el mundo era ajeno a lo que se cocía.
Se desvanecía todo a su alrededor. Ya no había trabas y habían comprendido por fin las reglas del juego. Cada uno había dejado atado los cabos de su vida de tal manera que los dos podían compartir cada instante.
Thomas escuchaba.
Urri intentaba tararear la música marcada por la lluvia.
Thomas cerraba los ojos.
Urri pensaba.
¿Por qué no iban a ser ellos también felices?
“No me has dicho nada desde hace un rato” dijo Thomas. Ella contestó con una mirada como si quisiera atrapar cada instante. “No quiero que esto se acabe.”
Al día siguiente empezaría la rutina otra vez. Juegos de miradas cómplices. Gestos que nadie percibía. Todo el mundo era ajeno a lo que se cocía.
Se desvanecía todo a su alrededor. Ya no había trabas y habían comprendido por fin las reglas del juego. Cada uno había dejado atado los cabos de su vida de tal manera que los dos podían compartir cada instante.
Thomas escuchaba.
Urri intentaba tararear la música marcada por la lluvia.
Thomas cerraba los ojos.
Urri pensaba.
¿Por qué no iban a ser ellos también felices?
1 comentario:
Sigo sin poder hacer un completo comentario d texto, pero mb!
bssssssssss!
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