
Mientras estaba sentada en el borde de la baranda que da al río y miraba como pasaba el agua sobre las rocas de la otra orilla, se acercó a mi Marcos y me agarró del brazo para decirme algo. A mi me recorrían las lagrimas por las mejillas porque sabía lo que quería decirme.
“Alba, mírame por favor…” me estaba diciendo mientras yo giraba la cabeza. “¿Tú sabes lo que es que te tiemblen las piernas cuando oyes su nombre, que te entre un cosquilleo en el estomago cuando te habla, que te castañeteen los dientes cuando se te acerca, que el corazón te palpite tan rápido que parezca que se te sale del pecho cuando piensas en esa persona, que los ojos busquen entre un montón de gente un rostro que no te mira, que tus labios no se atrevan a abrirse para decir al menos una palabra…?” le reprochaba yo, a alguien que me quería a mi y que sentía lo mismo que yo por una persona que no me quería.
“Alba…” volvió a insistir Marcos, “déjame intentarlo, déjame conseguir que pienses en mi como piensas en él.”
“Marcos…” y mi voz se apagaba en un abrazo con él que me ahogaba contra su cuerpo.
Y allí estaba nuestra imagen en el agua. La imagen de dos personas que buscaban lo mismo en sentidos contrarios. Y esa imagen se vio turbada por una piedra que calló al agua y que rompió esa imagen y el silencio que nos acompañaba.
3 comentarios:
Ais... no se de que me sonara esto a mi...
Bieeen!!!! actualizaste!!!
Me gusta mucho como escribes Lolaila, ya lo sabes. Pasame las fotos en cuanto las tengas, eh?
bsitosss!!!
te encontré!
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