Tengo hormigas que corretean por mi cabeza. Me pisotean una y otra vez. Hacen que mis ojos se entrecierren. Mi garganta duele. Es un dolor seco. Es un dolor que acentúa aun más esas pisoteadas.
Cierro los ojos. Puntitos blancos aparecen sin cesar en un mar de oscuridad. Y siguen acentuando ese hormiguero que tengo por cabeza. Si yo siempre tuve respeto a las hormigas, ¡qué me dejen en paz, qué yo no molesto, qué yo no hago ruido…!
Hace mucho que no me pasaba. Casi se me había olvidado por un momento lo que era sentir como la piel parecía ser arrancada de tu cuerpo. Como cuando tienes fiebre. Que tus ojos se llenen de agua incontrolable, que tengas que apartar la vista de donde miras porque te daña.
Pensar y pensar no es bueno. Yo no quiero exteriorizarlo, pero mi cuerpo dice lo contrario. Mi expresión está como perdida. No la encuentro, no la recupero, no soy dueña de mis movimientos, de mis rasgos, de mí misma. Mi alrededor es el dueño de mis sensaciones…
… de las lagrimas, de la tirantez de la piel, del escozor de la garganta, de las hormigas de mi cabeza…
Y pienso…vaya birria de vida. ¿Dónde dejaste el color rosa?
1 comentario:
Que grimilla... ¿por que no me sale cuando actualizais?
bs!
Publicar un comentario