
La lluvia golpea la ventana de Urri a media noche. No puede dormir, a través de los agujeros de la persiana se cuela la luz de las farolas que alumbran la calle. Todo está dormido, todo menos ella. Se gira en la cama y ve el otro lado vacío. Recuerda cuando solía estar ocupado, cuando sentía el calor de Thomas a su lado y le oía respirar. Ahora ya no está. Ahora ya no quiere. Ahora es cuando ella se siente estúpida por no haberle apoyado cuando la necesitaba más.
Thomas está sentado en su sofá. Son las tres de la mañana y aunque tiene la tele encendida, no la mira, no la escucha. Tiene la mente en otro sitio, en el que quizá debería estar. ¿Y ella? ¿Estará pensando en él? ¿Por qué no la pidió ayuda cuando realmente la necesitaba?¿Por qué se han metido en una pelea tonta, que parece no tener salida? Si los dos se quieren, si podrían ser felices... ¿Por qué no se arriesgan?
Llora un niño. Thomas se levanta y le observa. "No llores más, ya te quedará tiempo de llorar por las cosas que realmente son tristes. Duerme ahora que puedes. Duerme tranquilo, ya velo yo por tí. Tu duerme ya que yo no puedo", le dice. El niño le mira fijamente. No sabe hablar, pero siente que su padre estará ahí. ¿Se dará realmente cuenta de eso cuando pasen los años?
Thomas vuelve a pensar en Urri, Urri en Thomas... y el niño en medio de las dos imagenes. El niño en medio de una guerra que no es suya, de la que no tiene culpa. La madre se levanta. "¿Es que no ves que está llorando? Podías hacerte cargo de la situación de vez en cuando que para eso eres su padre, ¿no?", le grita.
La vecina de arriba les escucha, se ha percatado de todo. Los lloros de un niño la han despertado. La despiertan cada noche y se siente impotente al no poder calmar a ese niño. Puede que no sepa de que va la cosa. Puede que sea ajena a todo lo que se cuece en el piso de abajo. Lo que si sabe es que Thomas no es feliz. Hace mucho que dejó de serlo. Hace años que le conoce de pasada. Y hace meses que ese niño no augura nada bueno...
Urri se vuelve a girar. " A la porra, estoy harta de todo. Si quiere algo, que venga. Que venga de todas formas, pero que venga. ¡Imbécil! Eres la más tonta del mundo, la has cagado. La has cagado...la has cagad.. la has.. la..", dice. Ya se ha quedado dormida. Ahora solo tiene que esperar a que sea mañana, a tomarse corriendo una taza de café y subir apurada los últimos peldaños de la escalera que llega hasta la oficina... hasta Thomas... y hasta un nuevo dia en esa guerra que cree perdida.
Thomas vuelve al sofá. Thomas mira la pantalla y piensa en qué coño le pasa al mundo, al mundo y a la gente en general. Sólo quiere que llegue mañana, y subir las escaleras, abrir la oficina, y preparar el café que tanto le gusta a Urri. Y verá como Urri echa el azúcar en la taza, y huele el aroma a café. Y verá como sonrie y cierra los ojos tras disfrutar de un sorbo del café que él la ha preparado... y verá... Thomas también se ha quedado dormido... ahora descansa un poco, mañana será otro día más en esa guerra que quiere que gane Urri...
Thomas vuelve a pensar en Urri, Urri en Thomas... y el niño en medio de las dos imagenes. El niño en medio de una guerra que no es suya, de la que no tiene culpa. La madre se levanta. "¿Es que no ves que está llorando? Podías hacerte cargo de la situación de vez en cuando que para eso eres su padre, ¿no?", le grita.
La vecina de arriba les escucha, se ha percatado de todo. Los lloros de un niño la han despertado. La despiertan cada noche y se siente impotente al no poder calmar a ese niño. Puede que no sepa de que va la cosa. Puede que sea ajena a todo lo que se cuece en el piso de abajo. Lo que si sabe es que Thomas no es feliz. Hace mucho que dejó de serlo. Hace años que le conoce de pasada. Y hace meses que ese niño no augura nada bueno...
Urri se vuelve a girar. " A la porra, estoy harta de todo. Si quiere algo, que venga. Que venga de todas formas, pero que venga. ¡Imbécil! Eres la más tonta del mundo, la has cagado. La has cagado...la has cagad.. la has.. la..", dice. Ya se ha quedado dormida. Ahora solo tiene que esperar a que sea mañana, a tomarse corriendo una taza de café y subir apurada los últimos peldaños de la escalera que llega hasta la oficina... hasta Thomas... y hasta un nuevo dia en esa guerra que cree perdida.
Thomas vuelve al sofá. Thomas mira la pantalla y piensa en qué coño le pasa al mundo, al mundo y a la gente en general. Sólo quiere que llegue mañana, y subir las escaleras, abrir la oficina, y preparar el café que tanto le gusta a Urri. Y verá como Urri echa el azúcar en la taza, y huele el aroma a café. Y verá como sonrie y cierra los ojos tras disfrutar de un sorbo del café que él la ha preparado... y verá... Thomas también se ha quedado dormido... ahora descansa un poco, mañana será otro día más en esa guerra que quiere que gane Urri...
1 comentario:
Me recuerdas a Katherine Anne Porter y seguramente tengas sus mismas motivaciones
bs
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